domingo, 25 de octubre de 2009

Giraba.. Y daba vueltas... y vueltas


Entonces íbamos y veníamos del súper, de la Mega. Nuestra diversión era ver ofertas. Solo verlas. Rara vez comprábamos algo, alguna vez rentamos alguna película. Así era. Así éramos. A veces así soy...

Y caminábamos por tu calle. Nuestra calle. Veíamos a los gatos de los vecinos, lo recuerdo, jugábamos con ellos (¡bichito, bichito!); había el que nos hacía caso, y los que no los observábamos, veíamos sus gomitas, cómo comían excitados de las güiscas que les comprábamos. Era una casa nueva, y aún vacía, tenía un pequeño gato para ahuyentar a los roedores. No tenían qué comer y le compramos una lata de güiscas... y comía. Nosotros, tú y yo, lo contemplábamos tomados de la mano, abrazados. Juntos. Así éramos...

Y él daba vueltas...

Eran tres o cuatro calles las que tenía que pasar para llegar a tu casa. Era común encontrármelo: giraba enganchado a los mástiles que sostenían el rótulo de la calle; delgado, demacrado, enormes ojeras, mirada desviada, bien vestido, las suelas desgastadas de los bordes.

Y giraba... y daba vueltas.

Tú decías que ya había mejorado, que antes estaba peor, que tenía un problema mental y por eso giraba... y daba vueltas. Y cuando salíamos a comprar tu tamarindo, tu tutsi, mi coca de lata y mis panditas, él nos seguía, girando... y dando vueltas...

Y mientras él giraba... Tú y yo lo hacíamos.

Un día, cuando iba yo a verte, me dijo algo. No recuerdo qué. Él balbuceaba y sus palabras giraban... y daban vueltas. Vertiginosas. Inentendibles. Murmuraciones sin sentido. Cotilleo infinito. Plática errante.

Y giraba... y daba vueltas...

¿Qué me habrá dicho?

Estoy seguro. Confío. Tengo la certeza de que me dijo quién eras. Y no tu nombre, chava, sino "quién eres". Y no tu edad ni tu número telefónico, ni donde vives ni de cuál calzas, ni de cuál usas, sino quién eres... en mi vida. ¿Quién eres para mí? Y, gracias a Taz, a Spiderman y a Garfield, se quién eres. Sé qué eres.

Giro. Y doy vueltas... y vueltas.

martes, 20 de octubre de 2009

Atongo 90210

La creencia universal sostiene que las segundas partes nunca son buenas. Quizá sea cierto. Quizá solo en parte. De cualquier forma aquí está Atongo 90210: mi nuevo blog. Hace poco más de un año que dejé de escribir en el anterior, el cual quedó perdido en la profundidad de la miseria cibernética, despreciado, recluido y marginado en la pobreza digital donde solo sobrevive por las minúsculas visitas que por error llegan a él.

Hoy inicia una nueva historia. Con las mismas razones por escribir. Con la misma catarsis literaria y la misma perversión mental. Con la misma purga intelectual y la misma depravación creativa. Con un solo motivo, simple, sencillo como él mismo: escribir...

Lo que sea...

Lejos de ser un periodista comprometido con la verdad. Retirado de la tradición reporteril de la caza furtiva de primeras planas. Enemigo de los vigilantes de pluma y grabadora, falsos portavoces de la desgracia citadina, meras caricaturas de héroes civiles. Ni siquiera se usar el gerundio, ni mucho menos el 'punto y coma'; apenas hilo una frase con otra y llamarme "escritor" sería un abuso. He leído tan poco que considerarme 'lector' sería una absoluta mentira. Me reservo en la música porque nada es tan bueno como lo añejo (aunque hay excepciones).

Mi único apetito son las narraciones urbanas, rurales, espaciales, etílicas... ácidas. Solo comentar y ser comentado. Leer y ser leído, pero sobre todo... contar...

lo que sea...